Ahí nos desafía una nueva frontera, la cultura; es decir, la forma como los diversos grupos humanos se organizan para poder humanizar el contorno en el que viven. Cultura significa conocimiento y acción, supone relaciones positivas entre las personas y relaciones creativas con la naturaleza. La diversidad de culturas exige establecer relaciones dialogantes entre ellas. Pongamos, como ejemplo, la cultura juvenil. Es evidente que en Bolivia y en todo el mundo los jóvenes tienen su propia cultura, con sus muchos aspectos positivos y con algunos negativos. Los adultos, desde su propia cultura, ¿cómo se relacionan con la cultura juvenil?, ¿la ignoran?, ¿la atacan?, ¿saben entrar en diálogo?
Otra frontera que nos reta es la del conocimiento humanístico, técnico y tecnológico. En el Colegio San Ignacio deseamos estar en la avanzada del conocimiento: alumnas y alumnos, madres y padres de familia, personal del Colegio, estamos inmersos en esta apasionante aventura de hacer crecer el conocimiento. Conocimiento puesto al servicio de la fe, de la justicia, de la cultura.
San Ignacio vivió un cambio de época. Terminaba la Edad Media con sus grandes valores y sus enormes ignorancias, y nacía la Modernidad, tiempo de ponerlo todo en cuestión y de inimaginables conquistas en todos los terrenos: religioso, científico, artístico, político, económico, social, geográfico. Ahí se juntaron un grupo de amigos en el Señor, que vivieron su realidad como una gran oportunidad para que Dios fuera conocido y amado, y para que la sociedad fuera más desarrollada, justa y fraterna. Los jesuitas fueron enviados a todas las fronteras.
Los misioneros partieron, al servicio de la fe y la justicia, y al de la reconciliación entre todos los humanos, hacia las fronteras geográficas de África, América y Asia. Y también hacia las fronteras de la reforma protestante. Aprendieron y en muchos casos sistematizaron las lenguas de las culturas en las que vivían y procuraron responder a las necesidades materiales.
Filósofos y teólogos se esforzaron en el diálogo entre fe y ciencia, y también, cuando todavía no se había inventado el nombre, en los desafíos de la filosofía política, razonando posiciones democráticas que incluso hoy día nos parecen sumamente avanzadas.
Las energías de muchos jesuitas se emplearon en la educación buscando un sistema pedagógico que ayudara a formar personas críticas y creativas.
Nosotros también vivimos un cambio de época. Los desafíos son muchos. Este año queremos centrarnos en uno: la no discriminación. Por eso nuestro lema será: “Llamadas y llamados a vivir integrados con dignidad sin discriminaciones”
Con mucho optimismo damos inicio al curso 2011. |