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Llamadas, llamados, a las fronteras

P. Ramón Alaix, sj

 

El P. Adolfo Nicolás, Superior General de la Compañía de Jesús, siguiendo las indicaciones dadas por las últimas Congregaciones Generales, invita a los jesuitas y a todos los que formamos la familia ignaciana a ir hacia las fronteras.

Fronteras, no como un límite, sino como un llamado a ir más allá. Es la respuesta que las personas damos a un Dios siempre mayor que nos invita a trabajar con él en la transformación del mundo en el que vivimos.

La primera frontera a la que somos llamados es la frontera de la fe. Conviene que trascendamos la muralla de increencia que nos circunda. La vida de la mayor parte de nuestros contemporáneos está organizada como si Dios no existiera: vemos cine, televisión, escuchamos la radio, leemos periódicos y novelas, Dios está ausente. Nosotros creemos en Dios, en un Dios personal que está cerca de nosotros y nos da esperanza, vida y vitalidad, que nos anima, nos impulsa, también nos exige. No se trata de una fe que haya que defender, más bien es una alegría que deseamos compartir con los demás.

La fe va unida a la búsqueda de la justicia, nueva frontera que debemos superar. Nuestro Dios envió a su Hijo al mundo para que todos tuviéramos vida y vida en abundancia. Vemos que muchas de las personas que hay en nuestro mundo tienen su vida amenazada por la injusticia en la que vivimos. Dios deseaba desde el principio que la Tierra fuera un hogar en el que todos sus hijos pudieran vivir en plenitud. Pero algunos por la fuerza se han apoderado de lo que por derecho pertenece a todos. A los cristianos nos corresponde trabajar para que se cumpla el plan de Dios. Desarrollar al máximo todas las potencialidades de nuestro mundo, para ponerlo al servicio de la vida. De la vida de todos los humanos, pero también de todos los seres de la tierra. De ahí nuestra preocupación por la ecología. Si somos capaces de vencer las injusticias, podremos vivir en un mundo amable y sostenible.

Ahí nos desafía una nueva frontera, la cultura; es decir, la forma como los diversos grupos humanos se organizan para poder humanizar el contorno en el que viven. Cultura significa conocimiento y acción, supone relaciones positivas entre las personas y relaciones creativas con la naturaleza. La diversidad de culturas exige establecer relaciones dialogantes entre ellas. Pongamos, como ejemplo, la cultura juvenil. Es evidente que en Bolivia y en todo el mundo los jóvenes tienen su propia cultura, con sus muchos aspectos positivos y con algunos negativos. Los adultos, desde su propia cultura, ¿cómo se relacionan con la cultura juvenil?, ¿la ignoran?, ¿la atacan?, ¿saben entrar en diálogo?

Otra frontera que nos reta es la del conocimiento humanístico, técnico y tecnológico. En el Colegio San Ignacio deseamos estar en la avanzada del conocimiento: alumnas y alumnos, madres y padres de familia, personal del Colegio, estamos inmersos en esta apasionante aventura de hacer crecer el conocimiento. Conocimiento puesto al servicio de la fe, de la justicia, de la cultura.

San Ignacio vivió un cambio de época. Terminaba la Edad Media con sus grandes valores y sus enormes ignorancias, y nacía la Modernidad, tiempo de ponerlo todo en cuestión y de inimaginables conquistas en todos los terrenos: religioso, científico, artístico, político, económico, social, geográfico. Ahí se juntaron un grupo de amigos en el Señor, que vivieron su realidad como una gran oportunidad para que Dios fuera conocido y amado, y para que la sociedad fuera más desarrollada, justa y fraterna. Los jesuitas fueron enviados a todas las fronteras.

Los misioneros partieron, al servicio de la fe y la justicia, y al de la reconciliación entre todos los humanos, hacia las fronteras geográficas de África, América y Asia. Y también hacia las fronteras de la reforma protestante. Aprendieron y en muchos casos sistematizaron las lenguas de las culturas en las que vivían y procuraron responder a las necesidades materiales.

Filósofos y teólogos se esforzaron en el diálogo entre fe y ciencia, y también, cuando todavía no se había inventado el nombre, en los desafíos de la filosofía política, razonando posiciones democráticas que incluso hoy día nos parecen sumamente avanzadas.

Las energías de muchos jesuitas se emplearon en la educación buscando un sistema pedagógico que ayudara a formar personas críticas y creativas.

Nosotros también vivimos un cambio de época. Los desafíos son muchos. Este año queremos centrarnos en uno: la no discriminación. Por eso nuestro lema será: “Llamadas y llamados a vivir integrados con dignidad sin discriminaciones”

Con mucho optimismo damos inicio al curso 2011.

Ramón Alaix, sj

DIRECTOR GENERAL