Incio

Colegio San Ignacio

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P. Ramón Alaix, sj

 

 

“Reconciliadores de lo que está en conflicto”

San Ignacio meditó a conciencia los primeros capítulos del Génesis y fundó su espiritualidad en el convencimiento de que Dios creó un mundo magnífico para que en él vivieran en armonía todos los seres creados disfrutando de una plena felicidad.

Lastimosamente, nuestros primeros padres pronto rompieron la armonía. Entraron en conflicto con Dios, no aceptaron ocupar su lugar en el mundo como hijos muy queridos de Dios, sino que quisieron “ser como Dios”.

Ahí empezaron las dificultades. Adán le echa la culpa a Eva de lo que ha sucedido, Eva le echa la culpa a la serpiente y nace la discordia.

En adelante, las relaciones interpersonales no serán fáciles, y el asesinato de Abel por parte de su hermano Caín, es muestra palpable de aquello. Seguirán violencias y guerras incontables.

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El mundo, la madre tierra, que era un paraíso, se convierte en un desierto que da espinas y abrojos y debe ser cultivada con el sudor de la frente. No sólo esto, el hombre se empeña en ir destruyendo este su hogar con las consecuencias que ya estamos empezando a sufrir.

Jesús vino a este mundo para revertir este desorden. Su primer mensaje fue, según nos cuenta San Marcos al principio de su evangelio: “Vuélvanse a Dios”. La misión de Jesús fue la de reconciliar a mujeres y varones con Dios. Acabar con la desobediencia de Adán y Eva que se había ido transmitiendo a su progenie y “hacerse obediente hasta la muerte y muerte de cruz”. Los ignacianos, siguiendo a Jesús, nos volvemos a Dios y procuramos que a nuestro alrededor todas y todos vivamos reconciliados con Dios, sintiéndonos hijos muy queridos, herederos de su Reino, que nos esforzamos en empezar a construir en nuestro mundo.

La reconciliación con Dios, trae consigo la reconciliación con la creación. Jesús sana a los enfermos, da pan a los hambrientos, calma la tempestad del mar embravecido. No convierte las piedras en pan en provecho propio, rechazando la tentación; pero sí propone cuál debe ser la relación de servicio amigable entre el hombre y la creación, recuperando el plan primigenio de Dios: el hombre está en la tierra para cuidarla, no para explotarla.

Para Jesús, la reconciliación con Dios, supone también la reconciliación entre los humanos. El pasa por el mundo perdonando en nombre de Dios. Y al mismo tiempo exhorta: “Perdonen, no sólo siete veces, sino setenta veces siete”, es decir, siempre. No significa esto que el injusto agresor pueda hacer lo que quiera. Las invectivas de Jesús contra los que oprimían al pueblo pequeño causarían escándalo si se imprimieran en nuestros periódicos. (Leer por ejemplo Lc 37-53). Y el mismo Jesús se defendió y no puso la otra mejilla cuando fue abofeteado por el siervo del sumo sacerdote: “Apenas dijo esto, uno de los guardias que allí estaba, dio una bofetada a Jesús, diciendo: ‘¿Así contestas al Sumo Sacerdote?’ Jesús le respondió: “Si he hablado mal, prueba en qué; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?” (Jn 18, 22).

No menos importante, Jesús devuelve a las personas la dignidad perdida, las reconcilia consigo mismas. Recordemos el caso de la mujer adúltera que estaba a punto de ser apedreada: ”Yo tampoco te condeno”; o el de la pecadora que le lavaba los pies con sus lágrimas: “Sus pecados le son perdonados porque ha amado mucho”. Muy importante la escena de la conversación de Jesús con Pedro en el último capítulo del evangelio de Juan. A Pedro que le había negado tres veces, Jesús le pregunta tres veces si le ama y tres veces le da el encargo de cuidar de sus hermanos.

Ignacianos, seguidores de Jesús, durante este año, y toda nuestra vida, seremos reconciliadores: nos reconciliaremos con Dios y ayudaremos a los demás a vivir reconciliados con Él; nos reconciliaremos con la creación, seremos ecologistas, y procuraremos que otros lo sean; nos reconciliaremos con los demás, y procuraremos que desaparezca de nuestro alrededor todo tipo de violencia, racismo o discriminación, nos esforzaremos, como escribe San Ignacio, en “reconciliar a los desavenidos”.

Ramón Alaix, sj

DIRECTOR GENERAL